Ni superheroína ni supervillana. Solo una madre ciega

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Hoy no van a haber fotos ni anécdotas divertidas de Vikingo, hoy es un post de reflexión, desahogo, un post que considero necesario escribir y que vosotr@s lo leáis.

Me hace cierta gracia cuando os leo a muchas y muchos horrorizados con los grupos de whatsapp de padres de las clases de vuestros hijos, espantados de que ya os han agregado o rogando que no lo hagan… y yo pienso, a mí no me ha agregado nadie y me gustaría… ¿Seré rara? bueno, ya sabemos que soy freaky y a mucha honra pero ¿Llegar a ese punto de rarunez?

Pues sí, yo soy la que en cuanto coincide en el bus o cruzando hacia el cole con un padre o madre que me dice cualquier cosa que me haga sospechar que efectivamente es un padre o madre del cole, le suelto el rollo para averiguar si es de la clase de mi hijo y comentarle que a ver si vamos coincidiendo y nos damos los whatsapps para poder quedar para llevar a los niños al parque y que jueguen… ¿que me gusta hacer esto? No, nada de nada, de hecho yo soy una persona más bien tímida e introvertida a quien todo esto le da mucho corte, además de pensar que los demás creerán que soy un coñazo o peor aún, que les daré penita.
Y entonces os estaréis preguntando, ¿Por qué lo haces? Pues porque si no, no tenemos interaqcción social, al menos lo que yo he vivido, hay muchos otros padres y madres con discapacidad que lo vivirán a su manera, este es mi blog y obviamente yo os cuento lo que yo vivo.

A la gente parece que le dé miedo, respeto, cosa…. acercarse a nosotros, y por supuesto también habrá otros que quizá ni se lo planteen. Las interacciones sociales siempre cuestan un poquito pero si puedes utilizar la magia de la mirada, es algo más sencillo, porque solo con una mirada puedes ver a esa persona con la que el otro día hablaste y te cayó bien, a la otra con quien no tuviste feeling, a esos otros que reconociste por haberles visto en la reunión de padres de inicio de curso, a esa otra familia que el peque lleva la mochila con el distintivo de la clase de tu hijo… y es mucho más fácil acercarte y entablar conversación.

En nuestro caso, por motivos evidentes, todo esto nos lo perdemos por lo cual o eres extremadamente extrovertido y te pones a hablar con el resto de padres que te vas cruzando al ir a recoger al peque, o como es mi caso, me quedo sin conocer a casi nadie.

sé por supuesto que me toca esforzarme y lo hago de buen grado por mi chiquitín, y es por esto que intento ser menos vergonzosa y hago lo que más arriba os he contado, pero también intento explicar a quien me acerco y ahora a quienes me leéis, que necesitamos que vosotr@s también pongáis algo de vuestra parte, que si hemos hablado en alguna otra ocasión y os hemos caído bien, os animéis a acercaros si nos veis y a saludarnos, porque nosotros no lo vamos a hacer, no por falta de ganas, sino porque no vemos que quizá os tenemos justo al lado y no, no penséis que es tan fácil esto de reconoceros por la voz y menos cuando hace poco que nos conocemos… igual que hay gente a la que les cuesta acordarse de las caras, hay gente ciega a la que le cuesta acordarse de las voces y si además son voces que hace poco que escuchamos y se entremezclan con otras tantas, es misión casi imposible detectaros.

Al final con todo esto, quiero deciros que somos personas como cualquier otra, que una de nuestras múltiples características es la ceguera, pero eso no nos hace dignos de una admiración casi como si fuéramos superhéroes ni tampoco de un respeto o temor como si fuéramos supervillanos. Nos apañamos lo mejor que podemos con las herramientas que nos han tocado y las estrategias que cada uno en su vida ha ido elaborando para superar obstáculos y sobre todo, somos personas que con lo que tenemos, intentamos disfrutar la vida a tope y ser felices, y sí, os juro por Snoopie que lo logramos.

Así que ya sabéis, a la próxima que os crucéis conmigo, si os apetece y os caigo bien, ¡saludadme!

Micropost: ¡Yo arreglo ojos!

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Hace tiempo que los peques de la edad del Vikingo, especialmente las niñas se han fijado y nos hacen la pregunta: —¿Qué te pasa en los ojos?— o —¿Por qué tienes los ojos cerrados?— Hasta ahora pero, el Vikingo no había mostrado ningún tipo de inquietud o interés al respecto, pero a las puertas de cumplir 3 añitos, lo ha hecho.

—Mami, obe ulls! abriéndomelos él con los dedos—
—Yo aleclo ulls—. —Si carinyo? i com els arreglaràs?—. —A matillo!— Coge un juguete que simula un martillo e igual que simula arreglar sus coches, aviones, otros juguetes, nos da muy flojito en la frente encima de los ojos y ¡voilá! ojos arreglados.

La verdad es que la ocurrencia del martillo me hizo muchísima gracia, tan inocente mi chiquitín! lo que confieso que me dió pena y se me escapó alguna lágrima al principio, es cuando se empeñaba en que abriera los ojos. Siempre he tenido presente que ese día llegaría y que yo sería fuerte y no haría un drama de ello pero al final, cuando tu peque te cuestiona por primera vez por tu discapacidad… es durillo.
Él sigue pidiéndonos tanto a su papi como a mí que abramos los ojos o haciéndonos notar que los llevamos cerrados y ahora ya lo llevo perfectamente, me lo diga en casa, en la calle, en el bus, siempre le cuento lo mismo, que mami tiene pupa en los ojos y casi no los puede abrir igual que se lo dice su papi, ¿Para que darle de momento más explicaciones? y se queda conforme…, hasta que le vuelve a venir a la cabeza.

La temible operación pañal: El diario

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Fase previa.

Summer is coming, Vikingo ya hace medio año que cumplió su segundo día del nombre y como es costumbre en nuestra sociedad, empiezan los comentarios y rumores sobre cuando va a quitarse el pañal, que hay que aprovechar el verano y que en el colegio les quieren ya con los esfínteres controlados. ¡estrés! ¡horror! pero si Vikingo no quiere saber nada de quitarse el pañal y ni se le ocurre avisar cuando hace pis o caca! de hecho a veces habiendo hecho caca, se lo preguntamos y lo niega… ¿Cómo vamos a quitarle el pañal si no está preparado en absoluto?

Tutoría con su profe en la guarde, por supuesto el tema sale a la palestra y nos confirma que ella tampoco le ve a punto. ¿qué hacemos? es como una carrera a contrareloj… pero, ¿qué pasa con el ritmo del niño? Lo hablamos papá vikingo y yo y coincidimos que hay que respetarlo ya que de otro modo no vemos que la operación pañal vaya a tener ningún éxito. Aún y así sigo preocupada por como intentar estimular y ayudar al peque a que empiece a mostrar interés y ganas por hacer sus cosas como mamá y papá.

Hablo con una muy buena amiga de toda la vida, que tiene dos nenes preciosos y me comenta que ella antes de retirarle el pañal al peque, que es de la edad de Vikingo, estuvo como un mes poniéndole en el orinal cada vez que tenía que cambiarle el pañal, cuando le bañaba, antes de acostarle… Lo sentaba en el orinal a ver si quería hacer algo, le contaba algún cuento… le compró calzoncillos chulos… y así el peque se fue animando y acostumbrando hasta el día D en que se lo quitó y ya no fue traumático para él. Me pareció una estupendérrima idea así que se la comenté al papi y la pusimos en marcha.

Primero estuvimos sentándolo en el WC sujetándolo y aunque no se quejaba no le veíamos cómodo así que en cuanto en la guarde nos comentó su profe que empezaba a animarse a ir al orinal, raudo y veloz papá vikingo le compró esta chulada.

En cuanto lo vió el peque, quiso probarlo y… ¡bingo! éxito a la primera! las fiestas y la emoción por su primer pipí en el orinal en casa fueron de traca y él la mar de feliz porque, sí señores, como buen orinal accesible, no podía ser menos en nuestra casa xd, cuando hizo pis sonó una musiquita de celebración así que ya sabéis… Va estupendo que suene la música por si no se oye como cae el pipí en la vacinilla.
El orinal a parte de esto es genial porque puede usarse como reductor para sentarlo en el propio water y también como alzador para alcanzar el lavabo y lavarse las manitas. Es todo de plástico con las patitas del pato y la cara en el respaldo del orinal y totalmente desmontable y cómodo para limpiar.

Hasta aquí la previa, que de momento promete… Ahora que ya me he aprovisionado de calzoncillos y pantalones cortos de algodón tipo chándal, estamos listos para el día D, o mejor dicho, P.

¡Que la fuerza y los dioses nos acompañen!

El diario.

Primer fin de semana.

Sábado por la mañana, 9 y pico, se levanta el peque y viene a buscarme diciendo que tiene pipi y caca para que le cambie el pañal, ya es un paso! antes ni me avisaba cuando llevaba el pañal cargado.
Le cambio y reflexiono y me digo que le pongo otro ya que quiere salir a comprar el pan y a pasear a Whost con su papi y pienso que después de desayunar ya tranquilos y en casa, daremos el tiro de salida. A todo esto yo ya nerviosa perdida.
A todo esto llega nuestro salvador en forma de un prime now de Amazon que nos trae entre otras cosas otro orinal para el piso de arriba, éste muy sencillito, vacinilla de plástico sin ninguna “pijada”
Desayunamos y en el siguiente cambio, ¡voilá! bye bye pañal, hola calzoncillos de los Minions! en H/M tienen packs de 7 slips muy apañaos pero en el que tengo al lado del trabajo solo les quedan de este modelo así que solo cogí un pack… para que quiero 14 calzoncillos de los minions? al vikingo le hacen cierta gracia pero tampoco no es que sea un ultrafan.
Por no extenderme porque el día no da para mucho, le fuimos preguntando si tenía ganas de hacer pis o caca, la respuesta indefectiblemente siempre era no así que empezamos a llevarle nosotros al orinal ya sin preguntar sino diciéndole que íbamos a ir a probar. Incluso nosotros nos sentábamos en el WC a ver quien hacía algo antes jajajaja y nada…
resultado final: escapes 4, orinal 0.

El domingo más de lo mismo, esta vez en cuanto se levantó ya le quitamos el pañal porque el pañal de la siesta y de la noche por supuesto aún los lleva y otra vez el mismo proceso y otra vez las mismas respuestas, nada de querer ir al orinal por si mismo, nada de avisar si tenía pis y nada de hacer en el orinal cuando nosotros decidíamos que era un buen momento para ir.
escapes 6, orinal 0.

Guardería

Ya fue sin pañal y por suerte no hubo escapes en el camino. Magicamente cuando le recogí por la tarde la profe me dijo que lo había hecho genial, ni un escape y que incluso no se levantaba del orinal hasta no haber hecho al menos alguna gota… ¿Perdón? ¿Dónde está el truco?
En casa… como si nada, se le escapó un par de veces y sin siquiera avisar que se le había escapado… Confieso que me frustré, sé que llevamos muy poco tiempo pero ver que en la guarde lo había hecho tan bien y que en cambio en casa ni siquiera avisaba cuando se le había escapado, me resultó un poco con perdón, cabreante, eso sí, obviamente a él no se lo demostré, sé que hay que hablarles siempre con mucho amor, acompañarles y aceptar sus escapes diciéndoles que hay que seguir intentándolo y que a la próxima saldrá mejor.

Evolución

Hoy es miércoles y lleva dos días en casa por estar enfermito, un rollo porque sé que le hubiera ido genial estar en la guarde estos primeros días sin pañal pero qué le vamos a hacer…
Ayer en general se le volvió a escapar todo, pero hubo un pequeño avance, digamos que eran escapes a medias, no me avisaba para ir al orinal pero cuando yo veía el escape le llevaba y algo hacía, ¡hasta un poco de caca logramos que hiciera! y él se da cuenta que nos ponemos super contentos cuando lo hace ahí.
Como soy un poco mamalapa y estoy siempre alrededor de Vikingo, me doy cuenta muy rápido de cuando tiene escapes y aunque a veces aviso a alguien de mi familia para hacer evaluación de daños, los tengo muy controlados… ¡tacto y olfato al poder!

Hoy… veremos si la evolución sigue progresando o qué hace con su papi y su avi.

#VDLN 11: Banda sonora de un postparto

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Uno de mis primeros posts fue en el que os conté mi preparto y parto y en él os dije que algún día escribiría sobre mi postparto y nuestra adaptación. De eso ya hace más de un año y el post sigue sin escribirse.
Como es un tema que aún me remueve bastante, he pensado que el vdln sería una buena excusa para hacer ese post que tanto se me resiste.
Son muchas sensaciones las que viví, muchos sentimientos, unos dulces, otros más amargos… es aún un torbellino que no tengo muy claro como ordenar así que allá vamos.

El peque nació y las 48h que estuvimos en el hospital pasaron rápidas entre tratar de descansar, tratar de establecer la lactancia materna con el chiquitín, aprendiendo a estimularme los pechos para ayudar a la subida de leche, recibiendo visitas de familia y amigos, la compañía de mis padres, el apoyo en todo de todos… sobre todo de JJ y mi madre, l’àvia vikinga 😉 y así, con un pequeño susto sobre si nos tendríamos que quedar o no por el tema de la vilirrubina del peque, al final nos dieron el OK para volver a casa.
En casa tenía instalados a mis suegros, son de Málaga así que vinieron en cuanto se les avisó que iba de parto. De hecho les dió tiempo de sobra con lo largo que fue el nacimiento.
Y fue en casa donde realmente empezamos a darnos cuenta del cambio de 180 grados que había experimentado nuestra vida. El tiempo para nosotros se había esfumado, incluido el tiempo de descanso. El chiquitín no dormía bien y entre pecho, bibe, cambiarle, sacaleches… nos pasábamos las noches en danza.
Las noches las pasaba acompañada de papi vikingo pero durante el día ya cuando él empezó a trabajar, aunque teletrabajaba, era yo quien estaba por el pequeñín y fueron muuuchas horas él y yo juntos por eso para intentar no pensar, usaba el iPhone como reproductor de música. Escuchaba mucho una emisora a la cual me enganché en mi viaje a Colorado en 2011 .
Pero claro, eran muchas horas de butaca y es que lo que más me pesó del postparto fue el tema de la lactancia. El pequeñín tuvo que hacer por circunstancias lactancia mixta ya que no hubo manera que me subiera la leche y a resultas de ello primero perdió mucho peso, así que imaginaros. NO podía parar de llorar y angustiarme hasta que acepté que lactancia mixta era lo que tocaba.
Mientras mi yo interno trataba de asumirlo y hacerse a la idea que otra de las muchas cosas que había soñado estando embarazada tampoco se iba a cumplir, la música seguía sonando y sonando. La recopilación de canciones de disney Princesses fue otra fiel compañera.

Horas, días, semanas en la butaca de lactancia, meciéndonos, estimulando, bibes, sacaleches, frustraciones, amor, tristeza, llantos, relactador, humillación, teléfono con asesora de lactancia, whatsapps, apoyo, ánimos…, y al final, después de dos meses, resignación y aceptación.

Sí, en esta casa somos de gustos musicales muy eclécticos y no sé por qué, sentí que debía sonar Chiquitita también. Mi estado de ánimo concordaba con el de la chica de la canción verdad?
Dos meses lo intenté, hasta que el peque ya no quería saber nada de la teta porque de ahí no salía lo que salía del bibi. Y aunque aún me queda por superar, lo más importante que es mi hijo ha crecido fuerte, grande, guapo y sobre todo y esencial, sano y feliz. Y aunque fue un postparto agridulce, fue una experiencia en la que aprendí mucho y aprendimos a establecer otros vínculos dado que no pudo ser el de la lactancia. Eso sí, para mi chiquitín fui un chupete estupendo durante esos primeros meses y su refugio favorito para sentirse acogido, calentito y arrullado ya que la música no solo me consolaba a mí sino que yo no paraba de cantarle a él.

¡Feliz #vdln hoy desde las entrañas!



Colechar o no colechar…

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¡damas y caballeros! en el lado izquierdo del cuadrilátero tenemos al colecho, con un peso de siglos de tradición y de múltiples culturas que lo practican, en el otro lado encontramos el no colecho, con el peso de la modernidad y la independencia del individuo… saluden, jueguen limpio y ¡que empiece el combate!

Y es tal cual así, colechar vs no colechar, pecho vs biberón, porteo vs carrito, parto en casa vs parto en hospital, blw vs papillas… y un largo etc que he ido descubriendo a lo largo de mis 2 años de maternidad.
En esta ocasión como el título del post ya os indica, os voy a contar mi experiencia sobre el tema del colecho, y es que para artículos profesionales sobre si es mejor que el niño duerma con nosotros o no… ya hay muchísimos en la red y muy probablemente la mayoría de los que me seguiïs, ya los habréis leído.

Cuando me quedé embarazada empezamos a montar la habitación del pequeño vikingo, que por cierto quedó de rechupete, modestia a parte :) con unos muebles y una butaca de lactancia en blanco preciosos, las paredes pintadas al estilo El Principito con una luna, estrellas, planetas… una pasada y por supuesto la cuna, una cuna de estas convertibles con cambiador en los pies que cuando el niño crece se convierte en tropecientas cosas, entre ellas una cama, un escritorio, una mesita de noche…
¡Estupendo! con la habitación montada para cuando vikingo creciera un poquito, también compramos una Minicuna de colecho para los primeros meses. Es un invento genial porque se acopla a la cama con unos cinturones de sujeción que van por debajo del colchón, le quitas una de las barandillas de madera, le frenas las 4 ruedas y el peque tiene su espacio pero unido a la cama de los papás.
La verdad es que le sacamos mucho partido los 6 meses que vikingo cupo en ella. va de fábula tanto si hacéis lactancia materna como si no. Me encantaba dormir cogiéndole la manita y estando en contacto con él.

Una vez ya se le quedó pequeña la cunita, el paso siguiente nos pareció lógico y era llevarle ya a su habitación, a su supercuna convertible.
establecimos rutinas de sueño con la cena, el baño y a la butaca a mecernos mientras o bien le cantábamos alguna canción inventada, le contábamos algún cuento inventado también o le poníamos a nuestra querida Dàmaris Gelabert y sus “cançons de Bressol” y el paso más complicado, le metíamos en la cuna sin despertarlo. Había días que lo lográbamos a la primera, otros no. Pues bien, tanto con luz quitamiedos como sin ella, era un constante ir y venir, ya fuera por los múltiples despertares del peque como por comprobar que estuviera respirando y bien.

Lo estuvimos intentando en verano y al ver que no había manera de descansar ni él ni nosotros, decidimos volver al colecho y qué cambio! al menos ya no se me salía el corazón por la boca casi cada hora cuando por el escucha oía al peque llorar, ahora sí me despertaba tambbién, sí me llevaba un susto ya que soy de las que a la mínima se sobresaltan pero al momento el peque se tranquilizaba al sentirnos a su lado y todos dormíamos de nuevo.

Cuando ya tenía año y pico, volvimos a hacer la intentona de que durmiera en su habitación pero el resultado fue el mismo. despertándonos casi cada hora porque perdía el chupete, quería agua, se asustaba… y sin descansar a gusto así que de nuevo volvió a nuestra cama y exceptuando algún día que lo hemos vuelto a probar, aí seguimos, el peque con 27 meses y colechando con nosotros.

Ciertamente no se duerme igual que sin peque en la cama, al menos yo. De hecho os confieso que como mejor duermo es sola, será por lo que comentaba más arriba que a la mínima que me rozan o hay algún movimiento, me despierto sobresaltada. Además, contra más mayor es vikingo más ocupa, más se mueve y más patadas, codazos y cabezazos recibimos en distintas partes del cuerpo, dependiendo de si el señorito está en posición normal, perpendicular a nosotros o con la cabeza en los pies.
Eso sí, no cambio todos estos inconvenientes de mi sueño para que él pueda dormir tranquilo, seguro y nosotros poderle acompañar en sus despertares y sus terrores nocturnos que hace un tiempo que parece que empieza a tener. Y además, no hay cosa más preciosa que despertar junto a él o mejor aún, que él te despierte con una caricia, un besito, un “nonnia mami!” (bon dia, buenos días) o sí, también con un susto, le encanta dar sustos!

Ya veis que también en estos temas se puede adoptar una postura más moderada y sobretodo lo más importante, una postura que os convenga a la familia que sois los que tendréis que sobrellevar unas cuantas noches antes que vuestro peque duerma del tirón, si es que lo logra.
¿sois colechadores, no colechadores, habéis probado ambas cosas, ¿cuál os funciona mejor? ¡Contadnos!

Abrazos vikingos.

¡Feliz segundo día del nombre!

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Y ya tienes dos añitos mi pequeño vikingo. Dos preciosos años en los que has crecido mucho, aprendido tú y hemos aprendido los que te queremos y rodeamos.
Estás y eres precioso, cada día más parlanchín, aumentando tu vocabulario y tu destreza al ablar con frases cada vez más a menudo de dos palabras. Y aunque sacas a relucir de vez en cuando la rebeldía y genio típicos de esta edad, sigues siendo tan dulce y amoroso como siempre.

En tu segundo cumpleaños en el que ya eres más consciente del mundo que te rodea y empiezas a tener tus propios gustos, no podíamos celebrarlo de otra temática que no fuera tu adorada Patrulla Canina.

Mesa decorada de la Patrulla Canina

Ya ves, lo encontramos todo! platos, vasos, mantel, servilletas, globos y claro, hasta la guirnalda de ¡feliz cumpleaños!
Hasta tus tiets te regalaron un conjunto de plato, vaso y cubiertos de la Patrulla para que comas siempre bien acompañado de tus perrunos amigos.
Estuvimos toda la familia y aunque estabas blandito porque aún tenías algo de bronquitis, te lo pasaste bien, sobre todo con el parking que te regalaron con varios coches. Sí, los tut tut bólidos de Vtech cantarines, que si la grúa, que si el camión, el taxi, el todoterreno, etc.
Y llegó el momento del pastel y de soplar tus dos velitas.

Pastel sacher con figura fondant de Marshall encima

El sacher estaba delicioso y la figurita de Marshall de fondant, que por desgracia no hice yo porque no tengo esa traza, era tan preciosa que se salvó de ser devorada 😉 y lo mejor es que cumplió su cometido y es que tú la vieras y la reconocieras todo diciendo “Mashal Mashal!”
soplaste tus velitas, oh yes! tambbién de la patrulla, Marshall y Chase, un poco a regañadientes porque querías seguir jugando así que en cuanto las apagaste, te fuiste a seguir con tu parking.

Fuimos entre todos 20 personas entre tú, tus papis, avis, abuelos, tiets y cosins, metidos en el comedor de casa y fue un éxito de cumple. Todos disfrutamos acompañándote y charlando y claro, disfrutando de la comida. Tortilla casera, guacamole casero, medias lunas con embutido, quesos, patés, jamón ibérico, frutos secos, fruta para quien quisiera… vaya, que no nos quedamos con hambre no.
Tú que no comiste mucho picoteabas entre carrera y carrera de coches porque lo que tú más querías es que jugáramos contigo. Muchas veces me llamabas y cuando me acercaba me indicabas con golpecitos en el suelo a tu lado diciendo “aquí mami, seu!” para que me sentara y jugara contigo. ¡Adoro esos gestos tuyos!

En conclusión, la fiesta fue un éxito porque todos colaboramos, yo me encargué de la decoración, sí! ciega y me quedó bien chula modestia a parte! tu papi se encargó de que llegara a tiempo a casa y al mejor precio, tus avis consiguieron esa delicia de pastel y el precioso Marshall, tus abuelos nos ayudaron a papi y a mí a cocinar y a colgar los globos y la guirnalda y tus tiets y cosins junto con avis, abuelos y papis, hicieron posible que la fiesta triumfara con su compañía, su buen saque comilón y sus risas y sobre todo su amor por ti.

¡Feliz año koalita! te queremos.

La super percepcción

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Los niños son mucho más perceptivos de lo que imaginamos y lo son desde bien pequeñitos, desde bebés.
de manera natural, el pequeño vikingo desde muy chiquitín percibió que la manera de conseguir lo que quería de sus padres era cogernos de la mano y llevarla al objeto que le interesaba o como mínimo en dirección a ese objeto así que desde los 8 meses más o menos, actúa de esta manera con nosotros.
A nosotros como a él, nos ha parecido lo más normal pero a nuestro entorno que mayoritariamente no es ciego, les sorprende muchísimo y es que al principio el chiquitín no discriminaba y con todo el mundo actuaba de la misma manera pero más adelante comprendió que con el resto con señalar el objeto de sus deseos era más que suficiente.

Lo mismo hace cuando quiere enseñarnos algo, de manera espontánea nosotros siempre le decimos ¿a ver? alargándole la mano y desde siempre él nos deposita el objeto en ella, igualmente él mismo cuando nos quiere mostrar algo sin que le pidamos o le hagamos el gesto directamente nos pone el objeto en la mano o nos coge de la mano y nos lleva donde quiere que vayamos. Además, desde que empezó a decir sus primeras palabras, todos estos gestos los acompaña con la verbalización de sus intenciones, con lo cual está hecho todo un parlanchín y un lorito.

Cuando vamos por la calle, mira la TV, vamos en bus, coche… tengo la sensación que quiere describirnos todo lo que ve porque no para de contarnos: “coche! utubú! a poto! a bici! guaguas!” acompañados de distintos soniditos a cuál más adorable de sorpresa cuando ve algo nuevo o que reconoce.

No sé si será cosa mía pero tengo la sensación que para la edad que tiene, 2 años hará el domingo, es un pequeño que aunque revoltoso, traviesillo y movido como tiene que ser, es muy responsable y se da cuenta de las necesidades diversas que tenemos cada uno.

Este comportamiento que puedo ver y disfrutar con mi hijo a diario y alucinar de como evoluciona y de lo inteligente y espavilado que le hace ser, lo he visto en otros peques. Por ejemplo mis primos también se tomaron ya de bien pequeños con total normalidad mi ceguera y el hecho de que las cosas para que yo las viera me las tenían y tienen que poner en la mano o que si quieren que les acompañe a alguna parte que no conozco, han de cogerme de la mano. O en la chiquitina de la edad de mi peque, de una buena amiga mía ciega también, que de manera espontánea se dió cuenta que JJ y yo somos como su mamá y actuaba con nosotros igual que con ella.

Considero muy positivo para los niños el que puedan tener contacto con el mayor tipo de gente posible, les hará de mayores más abiertos y tratarán con normalidad e inclusión a todo el mundo. Así que es importante fomentar charlas en los colegios para que visibilicen las distintas realidades que existen y cualquier otra actividad participativa que les ayude a entender que todos somos distintos pero no por ello mejores ni peores. Que en la diversidad reside el encanto.

¡Abrazos vikingos!

¡Dientes! ¿duelen?

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Curiosamente si no todos, muchos pediatras comentan que no hay evidencia científica que demuestre que a los bebés les duelan los dientes cuando salen, de hecho a mí me ha llegado a decir un pediatra: “¿A que tú no recuerdas que te dolieran cuando te salieron los dientes definitivos?” y ciertamente no, no lo recuerdo pero sí recuerdo muy bien lo que me molesta la única y maldita muela del juicio que parece que no acabe de salir nunca del todo.
Por otro lado, la misma pregunta sobre los dientes y si duelen o no al salir la planteas a las madres/padres y también curiosamente, todos te dicen que sus pequeños han tenido algún síntoma que ha coincidido con la aparición de algún dientecito. Que si culito escaldado, diarreas, mucha baba, muchas ganas de morder y meterse algo en la boca, algo de febrícula, les cambia el humor…

Mi vikingo ha sido un claro ejemplo de lo que quiero decir, hasta ahora como mucho podíamos sospechar que las diarreas que tenía o cuando se metía mucho las manos en la boca y mordía y babeaba como si no hubiera un mañana, podía ser porque le despuntaba algún diente pero esta madrugada, sí, porque estas cosas siempre tienen que pasar a horas intempestivas, nos lo ha dejado bien clarito. Después de unos minutos de un llanto que muy bien podría ser la sirena que anunciara el apocalipsis final, ha logrado decirme lo que le pasaba: “a boca, a mal!!!!!!” cogiéndome la mano y metiéndosela en la boca.
Al final he logrado calmarle con mi dedo en su boca, acariciándole dientes y encías y él mordisqueándome, suave… y es que no hay mejor mordedor ni más natural y amoroso que el dedo de su mami. Ya más relajado ha pedido su “pete” y ha seguido durmiendo.

Con todo lo que os he contado, yo me pregunto: ¿No sería hora que nos fijáramos más en las evidencias empíricas para opinar de si duelen o no los dientes al salir?

¡Abrazos vikingos!

Mama

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¡Hola! no podría empezar mi blog con un post mejor. Lo publiqué en mi otro blog La Lágrima de Amaterasu y ahora lo pongo aquí.
¿Qué mejor presentación de mi vikingo y yo que ésta? y de paso, de papá vikingo, al menos escucharéis su voz y empezaréis a conocerle por su faceta más creativa :)
¡Que disfrutéis tanto el post como yo lo hice al hacerlo y que os emocionéis al menos la mitad de lo que yo me emociono cada vez que lo escucho!

Mama, una palabra tan vital en cualquier idioma, cuatro letras que lo son todo para mí cuando las dice mi bebé, mama de alegría, amor, ternura, mama de miedo, pena, rabia, mama de travieso, divertido, risueño… en cualquiera de las maneras, cuando le oigo, el corazón me da un brinco.
¿quién me lo iba a decir? nunca me he considerado demasiado maternal, de hecho nunca fui de esas mujeres que de siempre han querido niños, ¡ni siquiera me gustaban especialmente! Solo para un ratito y de hecho siempre había pensado que no se me daban bien, demasiado movidos, demasiadas preguntas que a veces sin querer me hacían daño… siempre creí que conmigo se aburrirían. Hasta que casi sin darme cuenta, fui cambiando y sentí la que dicen la llamada de la naturaleza, ¡sí! aunque suene a tópico fue así y poco a poco y junto a Juanjo, fuimos imaginando lo que sería tener un bebé, planteándonos si podríamos o no, qué necesitábamos, qué sacrificaríamos y si estábamos dispuestos a ello… y así hemos llegado hasta hoy, con mi pequeño vikingo conocido también como koalita, de once meses ya.
¿Me arrepiento o me he arrepentido en algún momento de ser mamá? ¡nunca! es una experiencia imposible de contar con palabras, día tras día me hace descubrir que es posible querer más y más a mi bebé y sin límites, también me hace descubrir facetas de mi carácter que no me gustan nada y eso me ayuda a conocerlas y aprender a corregirlas o al menos atenuarlas.
Una sonrisa suya, una caricia de sus manitas, uno de sus besitos de caracol, un abrazo, sus bracitos lanzados hacia mí, su sueño tan relajado y profundo encima mío, mi melena como su peluche preferido para agarrar y dormirse… me hacen sentir un mundo de felicidad.
Sus progresos, sus primeros dientecitos, su evolución en la guardería, su gateo motorizado que ya a va a 100 por hora, sus pasitos siempre sujetado por mí, su afán imparable de descubrirlo todo, su fuerza al ponerse él solito de pie cogido a cualquier cosa que le sirva, su traza al hacer ya la pinza con los deditos y coger la comida, sus intentos cada vez más exitosos de llevarse la cuchara a la boca y comer, su afición a probarlo todo y a que casi todo le guste, sus cada vez más palabritas… me hacen sentir un orgullo inconmensurable por todas y cada una de sus hazañas.
También están sus gritos de rabia, sus manotazos, arañazos, patadas, tirones de pelo, llantos desesperados para expresar algo que no sabe decir con palabras y que a veces no somos capaces de entender y nos hace desesperar, perder la paciencia, alzarle la voz y en ocasiones, tener que alejarme un momento dejando a Juanjo al mando del barco, o viceversa, para poder reducir las revoluciones, desconectar y retomar la calma necesaria para volver y saber acompañar al pequeño en esos momentos.
Ni en las noches de insomnio, ni en las de levantarnos cada hora porque el peque llora, ni en todas las cenas con amigas canceladas o pospuestas, cafés o paseos por la tarde de chicas que no hago o hago uno de cada diez, ni todas las diarreas que toca limpiar, ni cacas en los momentos más inoportunos cuando he logrado que estemos listos para salir, ni las rabietas cuando tardo mucho en darle de comer y golpea el plato, mete las manos, se ensucia entero… nada de todo eso ha hecho jamás que me replanteara mi decisión o que me arrepienta ni un ápice.

Esto son reflexiones, pinceladas de lo que siento siendo mamá, pero este post tiene otro propósito igual o más importante que es que también conozcáis de primera mano, qué es para Eric su mama, y con ayuda de su papi nos lo cuenta. No puedo evitar llorar y emocionarme cada vez que lo escucho, ¡amor de madre!
¡Gracias bebito y gracias Juanjo por haberme hecho el regalo más maravilloso por el día de la madre!
Us estimo.

Para mi mama