Juegos de construcción magnéticos e inclusivos

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Hace un tiempo que se han puesto de moda los juegos magnéticos, bloques de construcción que se unen unos a otros a través de imanes sueltos introducidos en las propias piezas. Cuando los descubrí me parecieron de lo más interesante y el primero que compré fue para regalárselo a nuestro sobrino por su cumpleaños. Al recibirlo, mi cuñada nos comentó que no solo había quedado encantado el peque sino que también su hermano mayor y hasta los papis se lo pasaban genial jugando. De hecho ella es profesora de primaria y nos dijo que le parecía tan fantástico que pretendía adquirir uno para el colegio donde da clases.

El siguiente juego que entró en casa fue de parte de los Reyes Magos para el Vikingo y aunque con él no las tenía todas conmigo ya que en ese momento solo le gustaba jugar con sus coches, resulta que le encantó, tanto es así que ya tiene dos!

Manitas del peque con piezas del juego de construcción

Le chifla hacer coches, cohetes, autobuses de dos pisos, casas… No hay día que no juegue al menos un ratito con estos bloques. Y por supuesto, hacer terremotos, cosa que aprendió gracias a su “Tiet” hace poco y le hace mucha gracia. Los terremotos como imaginaréis no es otra cosa que habiendo montado la construcción, derribarla de un golpe.

Las manitas del peque con la construcción ya hecha, es un coche.

El juego consta de 39 piezas de colores repartidas en 22 cuadrados, 14 triángulos, dos pares de dos ruedas y un doble cuadrado que sirve para unir las ruedas. A parte lleva una bolsa de franela para transportar las piezas y un libro de instrucciones.

Beneficios de estos juegos

  • Refuerzan la destreza oculomanual
  • Potencian habilidades psicomotoras y de motricidad fina.
  • Fomentan la creatividad y el ingenio.
  • Juegos aptos para jugar entre varios.
  • Conocimiento de distintas formas geométricas.
  • empiezan a utilizar la lógica para construir.

Inclusividad de los juegos de construcción magnéticos.

Me parecen unos juegos fantásticos y muy accesibles. Hay juegos de construcción que reconozco que sin ver, nos cuesta más o directamente no sabemos como ayudar al peque pero éste juego es sencillo y muy claro en sus formas y manejo. De hecho hasta a nosotros nos ayuda y nos beneficia a fomentar nuestra creatividad e ingenio!
Todos los juegos que nos sirvan para poder jugar juntos con el chiquitín son más que bienvenidos y es un placer conocerlos.
Cada vez que saca la bolsa con las piezas, el Vikingo no es el único que se pone a jugar y se divierte, sus padres también estamos enganchados a estos juegos y no solo nosotros, cualquiera que pasa por casa y los descubre.

Realmente es una gran compra que recomendamos mucho y de la que estamos muy contentos.
Más abajo os pego un link del juego que nosotros tenemos.

¿Los conocíais ya? ¿Qué os parecen?
Espero que os haya sido de interés y si los usáis, contadnos!

Abrazos vikingos.

Jugamos con… plastilina casera.

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Como papá vikingo ha ido a unas charlas de esas frikinformáticas a las que él va…, de las que lo único que he sacado en claro es que el flow es lo que Rider usa para que la Patrulla Canina pueda utilizar sus mochilas y vehículos a base de ladridos, el pequeñín y yo hemos estado jugando un rato con sus coches y luego se me ha ocurrido prepararle plastilina casera para que experimente.

He estado cotilleando por internet y he encontrado muchas recetas pero como el peque es algo impaciente cuando no estoy por él, me he decidido por esta receta
Se prepara en un momento pero creo que tendré que hacer más intentos, una porque no tenía colorante alimentario para hacerla de distintos colores y más vistosa y atrayente para el peque y otra porque no me ha terminado de convencer la textura.

Una vez preparada, para tener el área de devastación plastinil controlada, le he sentado en la trona y le he puesto la masa en cuestión para que jugara. Su reacción? mirársela, tocarla un poco y ver como yo me lo pasaba bomba haciéndole bolas o “potillas” como él las llama que significan pelotillas, haciéndole lunas, churros… y en cuanto me he despistado, se ha puesto a catarla y a catarla y… ha seguido en ello. ¡Incomprensible! si está saladísima! pues es igual, no sé de qué me sorprendo sabiendo que es un niño a quien le gusta probar de todo. Eso sí, entre bocado y bocado pedía agua, normal, eso es pura sal! mientras tanto me pedía que le siguiera haciendo bolas.
Una vez decidió que la masa no le iba a aportar nada más en cuanto a sabor y vió que se le endurecía en las manos, empezó a llamarme medio agobiado diciendo “a mal, a mal!” su método infalible para que vaya al momento, cualquier cosa que le molesta, incomoda, duele… es “a mal” o sea daño. Así que a lavar las manitas y experimento finalizado.

Mis conclusiones:

  • Hay que volver a intentarlo.
  • Tengo que mejorar la textura y apariencia para que le sea más atractiva al peque.
  • Usar algún cortapasta o molde para hacerle formas.
  • Tener una botella de 2 litros de agua en previsión a que vuelva a degustar la masa.

¡Abrazos vikingos!