¡Dientes! ¿duelen?

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Curiosamente si no todos, muchos pediatras comentan que no hay evidencia científica que demuestre que a los bebés les duelan los dientes cuando salen, de hecho a mí me ha llegado a decir un pediatra: “¿A que tú no recuerdas que te dolieran cuando te salieron los dientes definitivos?” y ciertamente no, no lo recuerdo pero sí recuerdo muy bien lo que me molesta la única y maldita muela del juicio que parece que no acabe de salir nunca del todo.
Por otro lado, la misma pregunta sobre los dientes y si duelen o no al salir la planteas a las madres/padres y también curiosamente, todos te dicen que sus pequeños han tenido algún síntoma que ha coincidido con la aparición de algún dientecito. Que si culito escaldado, diarreas, mucha baba, muchas ganas de morder y meterse algo en la boca, algo de febrícula, les cambia el humor…

Mi vikingo ha sido un claro ejemplo de lo que quiero decir, hasta ahora como mucho podíamos sospechar que las diarreas que tenía o cuando se metía mucho las manos en la boca y mordía y babeaba como si no hubiera un mañana, podía ser porque le despuntaba algún diente pero esta madrugada, sí, porque estas cosas siempre tienen que pasar a horas intempestivas, nos lo ha dejado bien clarito. Después de unos minutos de un llanto que muy bien podría ser la sirena que anunciara el apocalipsis final, ha logrado decirme lo que le pasaba: “a boca, a mal!!!!!!” cogiéndome la mano y metiéndosela en la boca.
Al final he logrado calmarle con mi dedo en su boca, acariciándole dientes y encías y él mordisqueándome, suave… y es que no hay mejor mordedor ni más natural y amoroso que el dedo de su mami. Ya más relajado ha pedido su “pete” y ha seguido durmiendo.

Con todo lo que os he contado, yo me pregunto: ¿No sería hora que nos fijáramos más en las evidencias empíricas para opinar de si duelen o no los dientes al salir?

¡Abrazos vikingos!

Mama

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¡Hola! no podría empezar mi blog con un post mejor. Lo publiqué en mi otro blog La Lágrima de Amaterasu y ahora lo pongo aquí.
¿Qué mejor presentación de mi vikingo y yo que ésta? y de paso, de papá vikingo, al menos escucharéis su voz y empezaréis a conocerle por su faceta más creativa :)
¡Que disfrutéis tanto el post como yo lo hice al hacerlo y que os emocionéis al menos la mitad de lo que yo me emociono cada vez que lo escucho!

Mama, una palabra tan vital en cualquier idioma, cuatro letras que lo son todo para mí cuando las dice mi bebé, mama de alegría, amor, ternura, mama de miedo, pena, rabia, mama de travieso, divertido, risueño… en cualquiera de las maneras, cuando le oigo, el corazón me da un brinco.
¿quién me lo iba a decir? nunca me he considerado demasiado maternal, de hecho nunca fui de esas mujeres que de siempre han querido niños, ¡ni siquiera me gustaban especialmente! Solo para un ratito y de hecho siempre había pensado que no se me daban bien, demasiado movidos, demasiadas preguntas que a veces sin querer me hacían daño… siempre creí que conmigo se aburrirían. Hasta que casi sin darme cuenta, fui cambiando y sentí la que dicen la llamada de la naturaleza, ¡sí! aunque suene a tópico fue así y poco a poco y junto a Juanjo, fuimos imaginando lo que sería tener un bebé, planteándonos si podríamos o no, qué necesitábamos, qué sacrificaríamos y si estábamos dispuestos a ello… y así hemos llegado hasta hoy, con mi pequeño vikingo conocido también como koalita, de once meses ya.
¿Me arrepiento o me he arrepentido en algún momento de ser mamá? ¡nunca! es una experiencia imposible de contar con palabras, día tras día me hace descubrir que es posible querer más y más a mi bebé y sin límites, también me hace descubrir facetas de mi carácter que no me gustan nada y eso me ayuda a conocerlas y aprender a corregirlas o al menos atenuarlas.
Una sonrisa suya, una caricia de sus manitas, uno de sus besitos de caracol, un abrazo, sus bracitos lanzados hacia mí, su sueño tan relajado y profundo encima mío, mi melena como su peluche preferido para agarrar y dormirse… me hacen sentir un mundo de felicidad.
Sus progresos, sus primeros dientecitos, su evolución en la guardería, su gateo motorizado que ya a va a 100 por hora, sus pasitos siempre sujetado por mí, su afán imparable de descubrirlo todo, su fuerza al ponerse él solito de pie cogido a cualquier cosa que le sirva, su traza al hacer ya la pinza con los deditos y coger la comida, sus intentos cada vez más exitosos de llevarse la cuchara a la boca y comer, su afición a probarlo todo y a que casi todo le guste, sus cada vez más palabritas… me hacen sentir un orgullo inconmensurable por todas y cada una de sus hazañas.
También están sus gritos de rabia, sus manotazos, arañazos, patadas, tirones de pelo, llantos desesperados para expresar algo que no sabe decir con palabras y que a veces no somos capaces de entender y nos hace desesperar, perder la paciencia, alzarle la voz y en ocasiones, tener que alejarme un momento dejando a Juanjo al mando del barco, o viceversa, para poder reducir las revoluciones, desconectar y retomar la calma necesaria para volver y saber acompañar al pequeño en esos momentos.
Ni en las noches de insomnio, ni en las de levantarnos cada hora porque el peque llora, ni en todas las cenas con amigas canceladas o pospuestas, cafés o paseos por la tarde de chicas que no hago o hago uno de cada diez, ni todas las diarreas que toca limpiar, ni cacas en los momentos más inoportunos cuando he logrado que estemos listos para salir, ni las rabietas cuando tardo mucho en darle de comer y golpea el plato, mete las manos, se ensucia entero… nada de todo eso ha hecho jamás que me replanteara mi decisión o que me arrepienta ni un ápice.

Esto son reflexiones, pinceladas de lo que siento siendo mamá, pero este post tiene otro propósito igual o más importante que es que también conozcáis de primera mano, qué es para Eric su mama, y con ayuda de su papi nos lo cuenta. No puedo evitar llorar y emocionarme cada vez que lo escucho, ¡amor de madre!
¡Gracias bebito y gracias Juanjo por haberme hecho el regalo más maravilloso por el día de la madre!
Us estimo.

Para mi mama